Las editoriales de EE UU se vuelcan para captar al público femenino con sus superheroínas
Hace unos meses, Shannon Purser, conocida como Barb de la serie Stranger Things, dijo que el papel que de verdad le gustaría interpretar es el de La Chica Ardilla. Unos días más tarde, se unió a esa petición una estrella como Anna Kendrick. Suena raro, pero ambas se mostraban voluntarias para ser una superheroína disfrazada de ardilla cuyo mayor poder es hablar con estos adorables animales comebellotas. Un personaje femenino que comenzó como una broma de relleno (creado en 1992 por Will Murray y Steve Ditko, responsable de Spiderman y Doctor Extraño) pero que ahora, en pleno esplendor de las heroínas Marvel, ha sido reinterpretada en las viñetas como una universitaria sin complejos, optimista y altiva con una serie propia con su nombre bien grande en la portada y que no se cansa de salvar el mundo de las peores amenazas (casi sin querer). ¿Por qué todo el mundo quiere ser la chica ardilla entonces? Quizás porque el cómic de superhéroes por fin ha aprendido a mimar a un nuevo público, ha comprendido que las superheroínas no tienen por qué ser mujeres objeto con grandes escotes y mallas pegadas, como lo percibe el público generalista.
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