En 1898, y tras un largo proceso, comienza la construcción del Santo Hospital Civil Bilbao, más tarde conocido como Hospital de Basurto. La construcción fue sufragada con las donaciones de los vecinos de la villa, en especial por las familias acaudaladas, y con escasa ayuda de la Administración. Apellidos como Gandarias, Gurtubay, Revilla, Jado, etc., forman parte de la historia del centro y actualmente siguen dando nombre a varios pabellones del hospital. Asimismo destacó la donación de doña Casilda Iturrizar, que ascendió a 500.000 pestas, una cifra muy elevanda teniendo en cuenta que el coste total de la obra fue de seis millones de pesetas
La búsqueda de unas instalaciones modernas, a la altura de las ciudades más avanzadas de Europa, lleva al arquitecto municipal Enrique Epalza y al doctor José Carrasco, director del Hospital de Atxuri y más tarde de Basurto, a recorrer los centros sanitarios más modernos de Europa. El proyecto tomó como modelo la gestión y el diseño del hospital de Ependorff en Hamburgo, uno de los más modernos de la época. Una construcción con pabellones aislados, comunicados por el subsuelo para el traslado de enfermos, y zonas ajardinadas, que pretendían resolver los graves riesgos de contagio de enfermedades.
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